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El arte es el nuevo oro

Cada vez más, invertir en obras de arte se perfila como una atractiva opción para quienes quieren proteger -y aumentar- su patrimonio . Cuando estalla una recesión, una pieza con probado valor histórico, cultural o estético no se devalúa ni disminuyen sus compradores. Incluso, algunos ven al arte como una alternativa al imbatible oro, especialmente en tiempos de alta inflación. Hasta el índice Dow Jones es impotente cuando se trata de obras maestras mundiales.

8 septiembre 2023

George Lucas no solo tiene una colección de arte que ronda los 600 millones de dólares, la que incluye pinturas de Edgar Degas y Pierre Auguste Renoir, sino que también invirtió mil millones de dólares en el museo Lucas Museum of Narrative Art en San Francisco, con pinturas célebres, memorabilia de Star Wars y de otras películas, y fotografías inéditas. 

La colección de Madonna, en tanto, está valorizada en más de 100 millones de dólares, con trabajos de Frida Kahlo y Pablo Picasso. Mientras que el patrimonio artístico de Leonardo DiCaprio ronda los 260 millones de dólares y el de David y Victoria Beckham, las 40 millones de libras. El ex futubolista y la ex Spice Girl muestran con orgullo las creaciones de los provocadores y ultra cool Damian Hisrt, Bansky y Tracey Emin.

Tal como estas mega celebridades, quienes operan en la industria financiera han comprobado, especialmente luego de la pandemia, la resiliencia de este mercado y su valor como ‘trinchera’ y herramienta de diversificación. A esto se suma, obviamente, el placer de contar un objeto único y bello, o al menos llamativo. 

Como toda inversión, el arte no es inmune a los vaivenes económicos, por lo que una de las clave para obtener la mayor rentabilidad posible, es la información. Pero no solo hay que saber calcular su valor actual y su potencial a futuro, sino que también dominar las características particulares de este mundo tan especializado. 

Cuanto mayor sea la calidad de la pieza, menor es el riesgo, ya que las firmas consagradas son siempre refugios seguros. Si la opción es apostar por un artista emergente, el riesgo aumenta en el corto plazo, pero si la joven firma se consolida en el mercado, puede ser muy rentable. 

Una obra artística rara vez pierde su valor, más bien se revaloriza. Por ejemplo, en 1997 la pintura de Pablo Picasso Femme asiste pros d’une fenêtre (Marie-Thérèse) se vendió por 6,8 millones de dólares. 16 años después, volvió a salir al mercado y se colocó en una subasta en Sotheby’s, en Londres, por 44,7 millones de dólares. Pero su periplo no acabó ahí: en mayo de 2021 se subastó en Christie’s, en Nueva York, por 103,4 millones de dólares.

Otra muestra de la estabilidad que ha mantenido este mercado en las últimas décadas, quedó en evidencia en mayo de 2009: apenas cinco meses después de que Lehman Brothers se declarara en quiebra, la colección de arte del diseñador francés Yves Saint-Laurent, compuesta por más de 700 piezas, rompió el récord como la más costosa de la historia al venderse en un total de 483.8 millones de dólares. Hasta la fecha, este hito no ha sido superado.

La tendencia de la Propiedad Fraccionada

Lo prudente, según los expertos, es ver al arte como un complemento de otros activos financieros, siempre pensando en una inversión a mediano y largo plazo. Su atractivo consiste en que las subidas de la inflación y la alta volatilidad de las bolsas mundiales rara vez influyen en su valoración. Además, tiene un valor intrínseco, independiente de la moneda en la que se desee invertir. Los expertos financieros catalogan al arte como “acíclico”, ya que no se ve afectado por los eventos macroeconómicos como sí sucede, por ejemplo, con la renta fija y variable.

Otro atractivo es que en muchos países -como España-, ofrecen beneficios fiscales que permiten no pagar la plusvalía que ha generado la obra. 

Todas estas razones han hecho que el arte incluso le esté ganando terreno al oro como instrumento de inversión, pese a que hacerlo en el dorado mineral todavía sigue siendo más predecible y estable.

Pero optar por el arte no implica únicamente la adquisición de pinturas, muebles, manuscritos, cerámica, esculturas o fotografías, también considera la compra de acciones de empresas como las casas de subastas Sotheby’s y Christie’s o invertir en los art funds, dedicados a la compraventa de arte. Asimismo, el crowdfunding (financiación colectiva de proyectos) también es una interesante -aunque riesgosa- manera de invertir y, al mismo tiempo, de apoyar proyectos de artistas jóvenes y desconocidos.

Para quienes cuentan con menores recursos para invertir, empresas como Masterworks hoy ofrecen opciones para ampliar el acceso al arte como inversión. La fórmula es simple: en el sitio web de la compañía hay una gran variedad de obras disponibles y, con aportes que van desde USD 500 hasta miles de dólares, cualquier persona puede ser dueña de una parte de una pintura en particular. 

La alternativa de propiedad fraccionada da la oportunidad a la gente con un presupuesto más reducido de participar en un negocio antes disponible solo para los súper ricos. Es parte de una nueva tendencia en el mercado, la llamada “democratización del lujo”.

Incluso, Masterworks presta estas obras a los museos para que puedan ser vistas por el público general. Más de 10 mil nuevos inversionistas han participado en este negocio, quienes han desembolsado más de 30 millones de dólares.

Pero el arte de gran valor no es solo es usado para multiplicar dinero, sino que también para ganar influencia y prestigio mundial. Así lo demostró el poderoso príncipe de Arabia Saudita, Mohammed Bin Salman, quien en 2017 compró por USD 450 millones el cuadro “Salvator Mundi” de Leonardo Da Vinci. Hasta hoy no hay certeza de dónde está guardada y los saudíes han dicho que recién en 2024 será exhibido públicamente. Una muestra de que, protegido por su exorbitante fortuna, Bin Salman puede hacer lo que quiera con la pintura más cara del arte universal.