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Yasna y el vacío

Lo que está haciendo la presidenta del Senado puede que no le valga una meteórica carrera de posicionamiento, pero bien realizado y transmitido sin duda que contribuirá a mostrar horizonte y certezas ahí donde el coro canta desolación e incertidumbre.Por Camilo Feres (*)

5 mayo 2021

En tiempos donde la principal tendencia política ha sido la colonización de la esfera pública por parte del discurso antagonista y maximalista -adornado por su correspondiente tono de indignación y por la evocación de alguna porción de pueblo o sensibilidad invisibilizada-, la irrupción de Yasna Provoste, a través del vapuleado recurso del discurso moderado y la construcción de acuerdos “mínimos” podría parecer un arcaísmo condenado al fracaso. Y sin embargo se mueve.

 

De manera casi ininterrumpida en los últimos años el movimiento de la mayoría de los personajes públicos ha sido hacia los grandes atractores del sistema: los pocos, pero exitosos, rostros políticos y mediáticos que han logrado altos niveles de popularidad a partir de la interpelación indignada y antagonista. Pero este efecto manada no ha hecho sino generar lo obvio: resultados muy positivos para unos pocos y una cómoda, segura e irrelevante posición de desdiferenciación y mímesis para la mayoría. Baste para ello mirar los pobres resultados de Paula Narváez, no obstante haberse dedicado a subir la apuesta en cuanta demanda inflamada se ha asomado en el horizonte.

 

Y en esta frenética carrera para rasguñar alguna migaja de popularidad por la vía de denunciar problemas, falencias y malas decisiones de otros, se fue generando, en paralelo, un vacío en el reverso del espejo: la zona donde esas carencias y problemas, locuazmente denunciados por muchos, deben tomarse para intentar resolverlos o mitigarlos. Es ese espacio el que ha copado Yasna Provoste.

 

Lo que está haciendo la presidenta del Senado puede que no le valga una meteórica carrera al top of mind, pero bien realizado y transmitido sin duda que contribuirá a mostrar horizonte y certezas, ahí donde el coro canta desolación e incertidumbre. Y dado que la democracia no sólo trata de representación sino también de delegación, ese tipo de atributos podrían convertirse en un bien muy preciado en un mundo que lleva años huérfano de liderazgos convocantes y, no sólo, rutilantes.

 

Probablemente algo de eso percibieron tempranamente las compañeras de ruta de Provoste -Narváez y Rincón- cuando la vieron esbozar la idea de la construcción de un acuerdo-marco de gobernabilidad. Como si se tratara de un acto reflejo, ambas corrieron a ponerle condiciones a dicho acuerdo, condiciones que, por extremas, serían imposibles de cumplir. Sea por instinto o por cálculo, la jugada de las candidatas que hoy disputan la representación de ese espacio que Provoste parece estar encarnando con una estrategia divergente, muestra cuanta perplejidad aún reina en los escombros de la ex Concertación.

 

Así, mientras la música parecen ponerla los que luchan por su pedazo de pueblo, con mesura, pero también con claridad, Yasna se abre paso para hacer algo nuevo: intentar construir mínimos comunes para lograr una tregua que no está pensada para que gane nadie en particular y que tal vez por lo mismo podría ser beneficiosa para todos. Y lo más innovador, lo está haciendo sin necesariamente estrujar a palos el limón del que todos hacen limonada: la solitaria y ya derrotada figura de Sebastián Piñera.

 

Puede que resulte, puede que no, pero como toda innovación que nos saca de la monotonía y de los diagnósticos que parecen condena, creo que la ruta de Yasna Provoste es digna de ser reconocida y -por qué no- aplaudida.

 

(*) Camilo Feres es Comunicador Social UARCIS y Magister (c) en Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, además es Director de Estudios Sociales y Políticas de Azerta. Columna publicada en Ex-Ante.