@

La importancia de la narrativa en la presidencial de EE.UU.

La victoria de Donald Trump no sólo es un hito político, sino también un ejemplo de marketing exitoso. Mientras Kamala Harris desarrolló una estrategia tradicional y cuidada, el presidente electo apostó por conseguir titulares, sin importar que fueran positivos o críticos, microsegmentar sus mensajes y propuestas e interpretar las frustraciones de la población.

12 noviembre 2024

En un mundo saturado de información, destacar requiere audacia, autenticidad y una comunicación que provoque conexión emocional. Y los encargados de la campaña del próximo Presidente de Estados Unidos lo entendieron muy bien: los votantes son consumidores de ideas, emociones y narrativas. “Su equipo captó que estos ya no son un bloque monolítico, sino que consumidores políticos con intereses y emociones específicas”, explica un artículo de revista Forbes que analiza el arrollador triunfo del líder republicano. Por su parte, la editora general del medio especializado en temas comunicacionales PR Daily, Allison Carter afirma que “si bien la estrategia mediática de Harris no fue la única razón de su derrota, el ser agresivo con la prensa, llegar a nuevas audiencias, experimentar con medios no tradicionales y dejar que las personalidades hablen por sí mismas -todas tácticas que utilizó Trump- influyeron significativamente”.

Estas son las claves que según diversos expertos en campañas políticas permiten entender el éxito comunicacional del Presidente electo.

Datos al servicio de la emoción

La campaña de Trump utilizó el análisis de datos para identificar las preocupaciones clave de diferentes segmentos demográficos. En lugar de abordar a los votantes con propuestas generales, se personalizaron mensajes que apelaron directamente a sus frustraciones y aspiraciones. La inflación, la inmigración y el sentimiento de desconexión social entre los hombres jóvenes se convirtieron en los ejes del discurso republicano.

Uso disruptivo de nuevos canales

Trump redefinió la narrativa política al enfocarse en plataformas poco convencionales para la política tradicional. Con la asesoría de su hijo menor, Barron Trump, su equipo de campaña priorizó a los grandes influenciadores del mundo del podcasting y del entretenimiento digital. Aparecer en espacios alternativos -incluso antisistema- no sólo amplificó el alcance de su discurso, sino que además posicionó al candidato republicano como un político no tradicional, accesible y “en sintonía” con las audiencias jóvenes. “Trump estuvo en  lugares donde los demócratas no estaban. Mientras Harris intentó proteger su imagen en los medios tradicionales, los mensajes del republicano llegaban a millones de votantes jóvenes a través de sus influencers favoritos. La campaña demócrata mostró las debilidades de una estrategia demasiado conservadora en un escenario electoral que demandaba audacia”, opina el cientista político Richard Davis en revista Forbes.

Evitar riesgos le costó relevancia

Según el análisis de PR Daily, un ejemplo emblemático fue la decisión de la campaña de Harris de no aceptar la invitación de Joe Rogan para aparecer en su podcast. Joe Rogan es un comediante, presentador de podcasts y comentarista estadounidense que ha ganado relevancia global como el creador y anfitrión de The Joe Rogan Experience, uno de los podcasts más populares del mundo. Su programa atrae a millones de oyentes cada episodio, alcanzando un público diverso, especialmente entre hombres jóvenes y votantes independientes, dos segmentos críticos en las elecciones de 2024. La decisión de la vicepresidenta simbolizó una desconexión con los votantes indecisos. Así, Harris perdió la oportunidad de hablar directamente con un segmento que le era esquivo. “La campaña demócrata priorizó la televisión y los medios impresos, herramientas eficaces pero insuficientes en un ecosistema político cada vez más digital”, puntualiza el análisis de Forbes.

Falta de coherencia en el mensaje

Mientras Harris trataba de consolidar su imagen como la mejor opción para la democracia y la inclusión, no logró unificar el mensaje detrás de su campaña. Las críticas hacia los millonarios, por ejemplo, chocaron con su intento de atraer a republicanos anti-Trump. “El exceso de control ejercido por los asesores privó a Harris de una voz auténtica que pudiera resonar con los votantes. Cuando intentas complacer a todos, terminas hablando con nadie”, resume Richard Davis en revista Forbes.

Un storytelling adaptado a las emociones del momento

Trump y sus asesores no sólo vendieron política, sino que también una narrativa. “La campaña entendió que en la política moderna, el storytelling es más poderoso que las propuestas. Presentaron a Trump como un ‘líder indomable’: sus procesos judiciales y hasta los intentos de atentado fueron reconfigurados como episodios que alimentaron la percepción de él como una figura heroica, enfrentándose al sistema. Cada revés fue presentado como una victoria, transformando las crisis en momentos de empatía y conexión emocional con sus seguidores. Mientras Trump se posicionó como un outsider que desafía al sistema, la vicepresidenta quedó atrapada como la continuadora de una administración poco popular”, argumenta el PR Daily.

Momentos virales cuidadosamente orquestados

Desde su aparición trabajando en McDonald’s hasta sus comentarios controversiales en los debates, Trump dominó la conversación mediática con acciones diseñadas para ser virales. Estas no eran ocurrencias espontáneas, sino movimientos cuidadosamente calculados para mantenerse en el centro de la narrativa. Su equipo entendió que quien controla los memes controla la conversación. En contraste, la campaña de Harris subestimó el impacto de las emociones. “La falta de audacia en su narrativa, combinada con su ausencia en espacios disruptivos como el mundo del podcast, dejó su campaña sin los momentos memorables que capturan la imaginación de los votantes”, asegura la editora Allison Carter.