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¿El fin de las discoteques?

La pandemia provocó un cambio radical en el entretenimiento juvenil: cada vez las discoteques están más vacías. Las redes sociales, los altos precios de los tragos y de las entradas, y una enorme diversidad de alternativas son las principales causas de esta tendencia mundial. ¿Es solo una moda o un cambio definitivo en la forma en cómo nos divertimos?

3 febrero 2025

En los últimos cinco años, en Alemania han desaparecido 1.440 centros nocturnos. En Melbourne, Australia, en 2024 más de 100 clubes cerraron sus puertas definitivamente.

Desde Nueva York y Barcelona, hasta Londres y Miami han sufrido las consecuencias de este declive post pandemia. Si bien algunos lugares han encontrado alternativas para no salir del mercado, el panorama del “carrete” nocturno en las principales ciudades del planeta se está transformando radicalmente.

Un reportaje de The Financial Times cuenta que una de las últimas víctimas de este fenómeno fue el icónico club berlinés Watergate, el cual la pasada noche de Año Nuevo hizo una fiesta de despedida, previo a su cierre. “Tratamos de mantenernos a flote, pero cada vez venía menos gente. Era evidente que nuestro público ya no necesitaba un club nocturno para bailar tecno”, confiesa Helmut Schultz, uno de los dueños de Watergate.

El artículo recalca que en Berlín, otrora célebre por su intensa vida nocturna, a las 3 am

la mayoría de los locales deja de funcionar. Lutz Leichsenring, fundador de la consultora internacional de eventos nocturnos VibeLab, da algunas luces sobre este nuevo panorama: «existe mucha competencia entre los eventos nocturnos y los diurnos, a lo que se suma el auge de los festivales de rock y la disminución del consumo de alcohol en la generación Z. Además, debido a los altos costos de la vida, los jóvenes están cuidando más su dinero. Un trago puede costar hasta 20 dólares en una discoteque de moda”.

Una de las estrategias a las que han recurrido los locales nocturnos es adelantar la hora en la que abren las puertas y cerrar más temprano. En Nueva York, por ejemplo, un creciente número de lugares empiezan a poner música a las 19 hrs, la que se apaga a las 11.

Es decir, la vida nocturna, más que morir, se ha modificado. 

“Durante décadas, las discotecas han sido el lugar al que acudían los jóvenes para conocer gente, bailar, beber, fumar y otras actividades menos legales… Ahora pueden hacer lo mismo conectándose a través de las redes sociales. Es un cambio en las costumbres y creo que es irreversible. Los menores de 30 años nacieron con un móvil conectado a Internet en la mano, y toda su vida social gira en torno a ese dispositivo. Pueden hacer una videollamada en grupo con sus amigos y hablar sin necesidad de esperar al fin de semana. Si quieren algún tipo de encuentro, solo tienen que usar Tinder”, explica la psicóloga Pilar Caño en un artículo de El País. 

La prohibición de fumar en lugares públicos también limita el interés de los jóvenes por carretear en discos y pubs. Otros, en vez de ir a bailar prefieren los videojuegos con “amigos” de todo el planeta.

Así, no es extraño que muchas de las discoteques que no han cerrado, se hayan transformado en restaurantes o en salas de conciertos.

 

Las nuevas formas de divertirse

Hoy otros son los tipos de eventos que convocan a los sub-30: los conciertos de música, especialmente los que se realizan al aire libre. “Estamos ante una adaptación a los tiempos modernos, donde la sostenibilidad económica y los estilos de vida equilibrados definen las preferencias del público”, analiza la psicóloga Pilar Caño.

Y no es que a los jóvenes ya no les interese la música. Al contrario, la escuchan más que nunca, a través de Spotify y de otras plataformas, pero prefieren los festivales y los conciertos en streaming en directo.

A pesar del declive de los locales nocturnos, la industria de la música electrónica muestra signos de crecimiento. Un informe de la International Music Summit reveló un incremento del 17% en 2023, alcanzando ingresos globales de $11,800 millones. Además, en 2024, el número de locales que programaron más de cinco eventos al año aumentó un 60% en comparación con 2014.

“Yo y mis amigas preferimos ir a un festival de rock o a una fiesta electrónica en un parque. Es más seguro y al día siguiente podemos hacer deporte y otras actividades. Siento que en mi generación es muy importante disfrutar en forma más saludable de lo que lo hacían nuestros padres y hermanos mayores”, dice Leslie, una joven londinense, en The Financial Times.

En Chile, la realidad es muy similar. Entrevistado en Emol, el presidente de la Asociación Nacional de Empresarios Nocturnos (Anetur), Fernando Borquez, asegura que la situación para el sector se ha puesto bastante difícil tras el confinamiento que provocó el covid-19, lo que, junto a una serie de factores económicos y de inseguridad, han generado un declive de la vida nocturna. “La gente empezó a entretenerse en la casa con amigos o en reuniones más privadas, lo que es más económico y seguro. Todo esto ha hecho que la sobrevivencia de las discotecas sea muy difícil”.

Sergio Arriagada, ex gerente de Sala Murano, relata que en la época de auge de esa popular discoteque “abríamos de lunes a sábado, teníamos ingresos todos los días y se justificaban los gastos e inversiones. Los trabajadores estaban contratados y sabíamos que contábamos con personal toda la semana. Ahora es distinto, las productoras se preocupan de tener ganancias en una sola jornada, entonces, les sale más conveniente acotar el gasto total a un único día. A eso hay que sumarle la inseguridad que hace que la gente no se arriesgue a salir hasta muy tarde”.

Por su parte, el presidente de Anetur no solo lamenta la pérdida de puestos de trabajo y el que muchos de estos locales que están desapareciendo sean emprendimientos. “Es una pena que en todo el mundo estén muriendo esos espacios donde nos divertíamos y conocíamos gente mirándonos las caras”.