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El “contenido líquido” desafía a la comunicación corporativa

Una nueva filosofía de comunicación, impulsada por la inteligencia artificial y la demanda de audiencias hiperconectadas, está desmontando la estructura lineal de las historias. Para las empresas, ya no se trata de emitir un mensaje, sino de diseñar ecosistemas narrativos que se adaptan, reaccionan y permiten al público convertirse en un participante activo de la trama.

30 septiembre 2025

En un ecosistema mediático saturado, ha surgido una respuesta a la rigidez de la comunicación tradicional: el contenido líquido. Este enfoque, que se aleja de las tramas estáticas para abrazar la fluidez y la flexibilidad, está redefiniendo cómo se experimentan las historias en la era digital. 

La idea recupera la esencia de los antiguos narradores —como chamanes o ancianos de una aldea— que adaptaban las leyendas según su audiencia, pero ahora potenciando esa dinámica con la inteligencia artificial. Más que limitarse a la personalización, busca generar experiencias que se sientan vivas, capaces de transformarse en tiempo real según quién eres, dónde estás y cómo interactúas con ellas.

«Este enfoque, que se aleja de las tramas fijas, está siendo adoptado tanto por gigantes tecnológicos como por estrategas de marcas que entienden que el consumidor moderno ya no sigue una ruta lineal”, señala Matthieu Lorrain, director creativo de Investigación en IA y Creatividad  de Google DeepMind para Insider.

Este concepto, articulado por el mismo Lorrain, no es solo una idea para el entretenimiento: es una filosofía que las empresas ya están adoptando para transformar radicalmente su comunicación y hacerla más efectiva en el mundo actual. 

Su aplicación se divide principalmente en tres grandes áreas: marketing y conexión con el cliente, y cultura corporativa.

Participar y co crear 

En el terreno del marketing y la conexión con los clientes, las posibilidades son inmediatas. El contenido líquido permite que una sola pieza creativa se despliegue en múltiples direcciones: gracias a la inteligencia artificial, puede convertirse en un anuncio breve para Instagram, en un video extenso para YouTube o incluso en un mini-documental para clientes más interesados. 

“Se trata de ajustar la narrativa al canal y a la audiencia, manteniendo siempre la coherencia de la marca”, explica Sonakshi Deb Roy, gerente de producto de la multinacional Trust And Safety en la revista American Marketing Association.

De esta forma, las marcas experimentan con campañas que cambian según el lugar en que se encuentre el consumidor, con estrategias que cruzan redes, podcasts y experiencias interactivas, e incluso con iniciativas que invitan al cliente a participar y co-crear. 

Uno de los ejemplos más paradigmáticos e ilustrativos es Red Bull: más que vender un producto, la marca construyó un universo temático —“Red Bull te da alas”— que conecta con la aventura y el estilo de vida extremo. Su historia se despliega de forma fluida y multiplataforma, desde eventos icónicos como el Red Bull Stratos hasta documentales, contenidos virales y auspicio a atletas que encarnan los valores de la marca como verdaderos protagonistas.

Al enfocarse en generar emociones —adrenalina, inspiración, asombro— y no en las características de la bebida, Red Bull crea una conexión profunda y auténtica con su audiencia. La coherencia entre lo que promueve y lo que hace convierte su narrativa en un ecosistema inmersivo, participativo e ignorable”, ejemplo claro de cómo una marca puede trascender la publicidad para convertirse en creadora de mundos.

Un solo relato, mil formatos

Pero la revolución no se queda en el marketing. El contenido líquido también transforma la cultura corporativa: las capacitaciones dejan de ser reuniones habituales para convertirse en procesos personalizados e interactivos. 

“Un mismo relato puede adaptarse según el público: el equipo de ingeniería recibe un video que destaca la innovación técnica, mientras que ventas ve una versión enfocada en cómo el producto resolvió un problema real del cliente”, señala el experto en comunicaciones Thomas Morgan, en la publicación RYT Marketing Corp.

Las estrategias crossmedia también son parte central de esta transformación. “Una narrativa líquida efectiva fluye a través de múltiples canales y sigue la jornada del consumidor”, sostiene para Linkedin Jimena Urquijo, de Kantar IBOPE Media. “En la práctica, una historia ya no puede limitarse a un spot televisivo: debe extenderse a redes sociales, podcasts, sitios web y experiencias interactivas y hasta vivenciales”, reflexiona. 

 Aquí, cada plataforma aporta una pieza distinta de la trama, invitando al usuario a explorar y conectar los puntos en un universo cohesivo. Esa arquitectura narrativa no solo amplifica el alcance, sino que fortalece la relación con el público al hacerla parte del relato.

Entre lo individual y lo colectivo 

Para los creadores de hoy en día, este cambio representa un desafío y una liberación. “En la actualidad la tarea ya no consiste en escribir un guión de principio a fin, sino en convertirse en «constructores de mundos»: diseñadores de sistemas, personajes y reglas dentro de los cuales la audiencia puede explorar y co-crear. Esto exige una planificación compleja para asegurar la coherencia a través de múltiples ramas narrativas, pero ofrece a cambio un vínculo mucho más fuerte con el público”, afirma Morgan.

No obstante, esta hiper-personalización plantea interrogantes culturales. El propio Lorrain se pregunta si corremos el riesgo de crear «burbujas» de contenido hiper personalizado que nos aíslen, en un momento en que los grandes fenómenos culturales demuestran el poder de la experiencia compartida. 

Así, el futuro de la narrativa se encuentra en un delicado equilibrio entre lo individual y lo colectivo. Sin embargo, su dirección es clara: la participación de la audiencia se está convirtiendo en el nuevo estándar del storytelling y este cambio es la esencia misma de la narrativa líquida, un enfoque donde las historias dejan de ser estáticas para volverse fluidas, flexibles, interactivas y cada vez más reales.