Un momento de calma

Que en Chile ocurran eventos naturales fuera de lo común no es nada raro. Al contrario, las noticias internacionales sobre Chile están plagadas de terremotos, tsunamis o volcanes en erupción. La gran mayoría de estos eventos pueden convertirse en desastres sin la adecuada preparación, y además suelen tener impactos profundos en las poblaciones afectadas. La historia de Chile y su naturaleza es una de riesgo, respeto, miedo y preparación.

Pero esta semana nos enfrentamos a algo distinto, un evento natural que todos quieren ver y apreciar: un eclipse de sol. Es tanta la atención a lo que va a ocurrir mañana que tendremos gente viajando desde todo el mundo para poder apreciar el eclipse desde algún punto del país. Se ha dicho que vienen de visita Mark Zuckerberg, Richard Branson, Brian May, Bill Gates y quizás cuántos otros magnates, empresarios y artistas que tratarán de pasar desapercibidos en la Región de Coquimbo. Los rumores de todas las personas famosas que supuestamente aterrizarán en el norte del país van a crecer de aquí a mañana.

La sensación sobre lo que va a ocurrir es extraña, principalmente porque no es algo a lo que estemos acostumbrados. Somos unos afortunados de que el eclipse sea muy visible desde nuestro país: es un evento afortunado, una coincidencia, una oportunidad. Una oportunidad que permite mostrar al país hacia el exterior, hacer negocios y potenciar nuestro turismo. Todo gracias a algo sobre lo cual no tenemos control ni decisión.

El Gobierno entendió esta oportunidad y se ha preparado de manera adecuada. Nos hemos reído un poco con la idea de un coordinador a cargo del eclipse, pero lo cierto es que convertirnos en un destino turístico por un evento fortuito, pero posible de anticipar, requiere trabajo y planificación. Hay grandes desafíos en transporte, hotelería, comunicación a nivel nacional y coordinación con colegios y otras instituciones públicas. Asimismo, los medios de comunicación han ocupado este espacio para introducir nociones básicas de ciencia y proveer educación a la población. En tiempos cuando estamos acostumbrados a peleas políticas pequeñas, desinformación y mala fe, el eclipse ha sido un respiro de buenas noticias, ilusiones y esperanza.

Mañana no es un día como todos. Nos vamos a detener por un rato a admirar el juego entre dos objetos que, a miles de kilómetros, determinan la duración de nuestros días, nuestras estaciones y nuestras mareas. Este baile nos va a maravillar y dejar a oscuras. Mañana no será un día como todos. Queda la oportunidad de pensar, reflexionar y agradecer por aquellas cosas que no elegimos, pero que nos favorecen. Y también por quienes aprovechan estas oportunidades para entregar más educación y conocimiento en cada ocasión que se presenta.


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