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La Segunda

Hace cuatro años, además de estar esperando el desenlace de una segunda vuelta —bastante menos incierta que la de ahora— también nos ensordecía la cantinela de quienes abogaban por una nueva Constitución a través de una asamblea constituyente (AC).

El tiempo pasó, y hay que reconocer la habilidad política que tuvo el Gobierno para desactivar el tema. Luego de un costoso proceso de consultas en todo Chile, en el que participamos varios (en su mayoría quienes estamos más interesados en política), otros temas coparon la agenda y las discusiones y conclusiones del proceso quedaron guardadas en algún cajón de La Moneda.

Uno de los principales argumentos para defender la necesidad de una AC se basaba en la falta de representatividad del Congreso, que, según la actual Constitución, es el órgano a cargo de su reforma. El sistema electoral, se planteaba, dejaba fuera a las fuerzas más pequeñas. Además, el Congreso no era un buen reflejo de la diversidad del país en términos de edad, género, origen étnico o experiencia.

Los resultados de la elección parlamentaria echan por tierra gran parte de esos argumentos. Este Congreso tendrá la mayor proporción de mujeres de la historia (aunque aún falta mucho para llegar a la paridad). Además será más joven, tendrá participación de personas de grupos originarios y con discapacidad, será más diverso en términos de experiencias laborales y, lo que es más importante, será un espacio mucho más representativo de las distintas vertientes ideológicas del país, en una proporción más parecida a la realidad. Los grandes segmentos del Congreso seguirán siendo las fuerzas tradicionales, con una mayoría para la centroderecha. Pero incluso en ese mundo ingresa fuerte el influjo liberal y más moderno de Evópoli. El declive de la centroizquierda —a partir de las divisiones y el cansancio— dio a lugar al crecimiento de la izquierda más dura. Hoy ésta tiene la mayor representación parlamentaria desde el retorno a la democracia. Y es allí donde se alojan los más fervientes defensores de la AC.

El último signo es que la AC no se encuentra en ninguno de los programas de gobierno de las candidaturas a segunda vuelta. Piñera y su sector nunca han considerado la idea como una buena opción y las propuestas que ha adoptado de sectores afines (Ossandón, Kast, Goic, Lagos), no incorporan la AC ni una reforma constitucional. Por el lado de Guillier, las aparentes exigencias al Frente Amplio no están del lado de la AC, sino del fin de las AFP, el aumento de la gratuidad universitaria o el cambio en el sistema de salud.

Puede que algunos aún consideren que es necesario reformar la Constitución, pero pocos creen que este debate deba hacerse fuera del Congreso. Esto se debe a que el nuevo Poder Legislativo es más representativo, y eso es una buena noticia para la democracia.
Recuadro :
“Aunque algunos todavía consideren necesario reformar la Constitución, pocos creen que este debate deba hacerse fuera del Congreso”.