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La Segunda

“Las opiniones que minimizan o descalifican tácitamente el crecimiento no se sustentan en datos que las respalden”.

En el último tiempo se ha ido afirmando una visión que relativiza la importancia del crecimiento. La propia Presidenta de la República ha señalado que “no le interesa para nada un crecimiento económico brutal si no hay mejora en la vida de las personas”. Beatriz Sánchez ha dicho también que no le importaría que el país crezca menos si hay políticas de redistribución, porque ese menor crecimiento afectaría a los ricos, mientras los más necesitados se verían beneficiados de una sociedad más igualitaria.

Esta mirada significa la pérdida de uno de los consensos más virtuosos de la transición, que colocaba a todos los actores políticos relevantes tras el objetivo del desarrollo y que nos convirtió en el país con menor nivel de pobreza, mayor ingreso per cápita y más alto desarrollo humano de América Latina.

Las opiniones que minimizan o incluso descalifican tácitamente el crecimiento no se sustentan en datos que las respalden. El período que va aproximadamente entre 1985 y 2014 representa las tres décadas de mayor incremento en la calidad de vida que han experimentado las personas en la historia de nuestro país. No hay un indicador que no muestre la caída impresionante de la pobreza, así como un salto enorme en la satisfacción con la propia vida y la esperanza en un futuro mejor.

Puede que a una misma tasa de expansión económica unos países avancen más que otros en materia social, pero no cabe duda de que cualquier crecimiento es preferible al estancamiento. Y tampoco debería haber cuestionamiento alguno sobre lo virtuoso que ha sido socialmente el crecimiento de Chile.

Este debate, en sí mismo, es un retroceso de décadas en la calidad de nuestra política. Y, lo que es peor, es una puerta muy ancha para que entre el populismo en sus peores versiones latinoamericanas. Un populismo que creíamos conjurado para siempre de nuestras fronteras y que vuelve a levantar cabeza desde el momento que se pierde de vista lo básico y se escuchan cosas tan excéntricas como la propuesta de Alberto Mayol de “expropiar” el veinte por ciento de las grandes empresas (propuesta que, por cierto, no tendría sentido si fuera acompañada de la respectiva indemnización, por lo que debemos entender que él está pensando más bien en una usurpación).

Se puede argumentar que Mayol sigue siendo un candidato marginal, pero no está nada claro que el Frente Amplio, al que pertenece, sea un marginal. Por otro lado, la candidata favorita en esa primaria sostiene que redistribuir es más importante que crecer; o sea, la carreta delante de los bueyes.

Parece que está siendo hora que volvamos a fijar algunos ejes que delimiten el marco de la política seria: democracia, estado de derecho y crecimiento. Fuera de ese marco están Chávez y el kirchnerismo. Y ahí no queremos estar, o al menos eso espero.