La mala política

La semana pasada, el ex primer ministro británico Tony Blair decidió contestar a los persistentes ataques del actual líder del partido, Jeremy Corbyn. Blair, un eximio comunicador, enumeró los logros de su gobierno en términos de seguridad social, reducción de la pobreza, mejoramiento de la calidad de vida y fortalecimiento del Estado de Bienestar. Más allá de la disputa interna entre las facciones del laborismo, el video de Blair nos permite recordar una máxima de quienes trabajamos en el rubro: en los tiempos de hoy, la comunicación no puede suplir la falta de contenido.

Es común que los gobiernos que enfrentan una baja aprobación tiendan a culpar de sus problemas a la comunicación. La frase ‘es que no hemos comunicado bien nuestros logros’ se repite, principalmente en estas fechas cuando las encuestas van a la baja.

Y es que la tarea de comunicar en un gobierno es ingrata. Pensemos en Sarah Sanders, quien acaba de renunciar como vocera del gobierno de Donald Trump. Sanders ha tenido la difícil labor de ser la cara visible de un presidente que tiene poco cariño a la verdad, y cuya aprobación lleva meses en números rojos. Sanders, por cierto, recurrió muchas veces a la mentira y a negar lo obvio, pero también se llevará a su casa responsabilidades que no son suyas. La tarea de convertirse en una comunicadora confiable era imposible cuando el gobierno al que representa no lo es.

Poco sirven las enumeraciones de tareas, las campañas publicitarias o los discursos rimbombantes. Muchos se olvidan de que la gestión de un gobierno no es solo medible en logros objetivos, sino que además en cómo es capaz de representar las aspiraciones y necesidades de la ciudadanía. Leer a las audiencias, entender cuáles son los problemas más importantes y actuar en ellos no es solamente un tema de comunicación, sino que también de gestión y de política.

En el caso chileno, tenemos a un gobierno que ha presentado un discurso algo optimista. Tanto en la cuenta pública como en el reciente discurso con motivo del cambio de gabinete, el Presidente habló con orgullo de los logros y culpó a otros de sus fallas. Se sabe que la oposición hoy no cuenta con la capacidad de coordinación que le permita llevar adelante una agenda. Por eso mismo, es poco creíble que sea el ‘obstruccionismo’ el mayor problema, sabiendo que esa misma oposición no es capaz de coordinarse para lograrlo. Es más probable que los problemas sean propios y no aciertos ajenos.

El ministro del Interior salió este fin de semana a delinear la nueva estrategia y pareciera haber acusado el golpe. El cambio de gabinete también es una buena oportunidad para enmendar el rumbo y mejorar aquellas cosas que se pueden hacer mejor. Es de esperar que al Gobierno le vaya bien con este nuevo ordenamiento en el equipo, ya que los seis nuevos ministros son todos cuadros con experiencia política.


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