ES LA ECONOMÍA, ESTÚPIDO

En 1992, en medio de la campaña presidencial de Bill Clinton, su estratega James Carville acuñó la frase “la economía, estúpido”. Con ello, Carville pretendía encausar internamente el mensaje dentro de la campaña para mostrar que el tema a tratar (y donde su contrincante era débil) era precisamente la economía. Esta frase se ha convertido en un cliché en el mundo político y, como todo cliché, tiene tantos significados como personas que la enuncian. Pero lo que Carvilletenía claro, y que sigue estando vigente hasta hoy, es que lo que más importa son las percepciones y que, en el caso de Clinton, hablar de economía se trataba precisamente de eso.

La entrevista de Michelle Bachelet esta semana, en la que evaluó a la economía como “debilucha” muestra que ella y su equipo tienen absoluta claridad del mensaje de Carville. Bachelet se valió de los números que muestran un aumento en el desempleo para plantear que el país no estaba avanzando con la rapidez o la fuerza con la que Sebastían Piñera prometió. Su análisis no fue detallado ni complejo, simplemente esbozó una idea simple y la dejó correr. Con ello, aprovechó hábilmente el descenso en las encuestas del gobierno.

Tanto el presidente Piñera como el ministro de Hacienda recogieron el guante. Ambos se encargaron de repetir las importantes cifras económicas que muestran que el país está creciendo a una tasa inédita en los últimos 4 años, que todos los indicadores muestran que estamos saliendo del estancamiento y que, en comparación con el último gobierno, el equipo económico actual parece ir por una muy buena senda. Para reforzar el mensaje, se valieron de los mismos dichos de Bachelet en los que da a entender que el crecimiento no era su prioridad. Una estrategia acertada, pero insuficiente.

La caída de las encuestas no es simplemente por un par de declaraciones poco afortunadas de un ministro que salió en el cambio de gabinete, sino que consiste en el clásico enfrentamiento entre las expectativas y la realidad. A diferencia de lo que ocurría en períodos anteriores, hoy los gobierno tienen cada vez menos tiempo de luna de miel. Además, al ser un presidente que va por un segundo período, hay menos paciencia en el electorado. Por eso, la frase de la economía debilucha es tan efectiva comunicacionalmente: las expectativas no se están cumpliendo con la rapidez esperada.

El dilema en que se encuentra el gobierno es complejo. El despegue de la economía no sólo depende de la acción del gobierno, sino que nos encontramos en un escenario incierto gracias a las amenazas de guerra comercial de EE.UU. Además, como apuntaron correctamente en el gobierno, el aumento del desempleo es un resultado directo de un mayor optimismo de encontrar trabajo, pero puede presionar al mercado laboral más de lo necesario.

La evaluación que hace la gente de la economía tiene poco que ver con cifras concretas y mucho con percepciones y expectativas. Pero, por lo mismo, el camino es más largo que un par de declaraciones. Sólo con reformas estructurales para mejorar la competitividad, modernizar el estado y simplificar el sistema tributario, Chile puede dar un salto mayor en crecimiento y creación de empleo en el corto plazo.

Después de 4 años con un estancamiento fuerte y evaluación económica a la baja, las expectativas son más altas que nunca. El gran desafío para el gobierno es avanzar y comunicar al mismo tiempo. Es de esperar que al Presidente y al Ministro de Hacienda les vaya bien en ese cometido.