El futuro de las 13 de oro

Ayer terminaron los Juegos Panamericanos y, con ello, la mejor participación chilena en su historia. 13 medallas de oro para sumar a un total de 49 son motivo de orgullo y de alegría. Lo que antes eran logros individuales, de una generación específica de fútbol o tenis, se está convirtiendo cada día en un proceso de mejoramiento colectivo del deporte nacional.

 

Los logros de nuestros deportistas en Lima no son un caso aislado ni simplemente producto de la suerte. Es cierto que Chile aún está lejos de competir contra los grandes del continente, como EE.UU., Canadá, México, Argentina o Colombia, pero el desempeño de estás últimas semanas se convierte en lo mejor de nuestra historia deportiva continental, por lejos. Para eso, el país ha tenido que pasar por un proceso largo de crecimiento y maduración sobre el financiamiento y la institucionalidad deportiva. Eso ha requerido, año a año, combatir malas prácticas, buscar recursos para lograr que nuestros atletas tengan dedicación exclusiva y generar políticas públicas que fomenten el deporte recreativo y profesional.

 

Después de las buenas participaciones en los Panamericanos de Guadalajara el 2011 y los JJ.OO. de Londres el 2012, el presidente Piñera nombró al primer ministro del Deporte, con lo que se consagró el proceso de creciente inversión pública que se había iniciado años antes. Pero la clave del éxito y crecimiento de nuestro deporte tiene que ver con una colaboración entre el mundo público y privados, incluyendo universidades y empresas, sin prejuicios. Detrás de exitosas iniciativas como el Team Chile ha habido empresas dispuestas a poner de su parte, invitadas por el Estado. Lo que parece mito o imposible en otras áreas, es una realidad día a día en el mundo del deporte. Sin esta colaboración, no estaríamos viendo los resultados de hoy ni pensando de forma optimista en lo que viene hacia el futuro.

 

Es por eso que tenemos que pensar en el futuro y en cómo transformar estos triunfos en una constante. Aún nos falta mucho. Salvo algunos casos, muchos de nuestros deportistas no cuentan con fondos suficientes para solventar sus gastos mínimos, menos para poder participar de las competencias de alto nivel en el extranjero. Hay casos, como el handball o el fútbol femenino, donde el sacrificio personal de nuestros deportistas no está a la altura de los logros que tienen ni del nivel en el que compiten. Las alianzas que hemos creado hasta ahora no dan abasto para poder brindar todo el apoyo que necesitan.

 

La propuesta presentada hace una semana por el Ministerio del Deporte, que consiste en incorporar a los deportistas de alto rendimiento a las FF.AA., parece ser una idea innovadora y razonable. Al igual como lo realizan algunos de los líderes mundiales en deporte – como Brasil – el Ministerio pretende proponerle a los deportistas que ingresen al servicio militar, no como soldados ni en una carrera tradicional, sino como lo que son: deportistas. Así, contarían con el apoyo de la institución, un sueldo estable, un trabajo claro recursos para viajes y entrenamiento, y una pensión que les permita retirarse de forma tranquila al final de sus carreras.

 

Iniciativas como la del Ministerio del Deporte son la continuación natural de una política pública sin prejuicios, abierta a la colaboración y con un objetivo claro: otorgarle a nuestros atletas las condiciones de trabajo que se merecen.